Desde que nacimos, Dios tiene un propósito con nosotros, dar a conocer su nombre, que cada uno de nosotros imprimamos a Cristo en los que nos oyen.
Así mismo habló de nuestra esperanza, de que no nos hemos de conocer como ahora nos conocemos, pues para el alma no hay padre, no hay madre, no hay hijos, no hay figura terrenal que herede, seremos como los ángeles de Dios.
De la misma forma exhortó al cuerpo ministerial ha aceptar el lugar a donde son enviados, teniendo como testimonio el sufrimiento del Apóstol Pablo, que al visitar la isla de Chipre, fue abandonado por Juan Marcos, quizas cansado de los sufrimientos que juntos habían llevado, sin embargo el Apóstol Pablo siguió adelante, fue apedreado y aun así se levantó, esta debe ser la actitud del que sirve al Señor.
Estas son algunas de las palabras que el Apóstol de Jesucristo les dijo a los ministros que le acompañaron en la oración de medio día
